Villaseñor, Manuel (2003). Cruda realidad. Los Ángeles: Morris Publishing

Desde un camionero enfurecido hasta un niño huichol, así son los protagonistas de Cruda Realidad quienes parecen ser de lo más normal pero conforme nos vamos acercando al final de los relatos las cosas se trastornan desde la ficción que bien podría ser realidad. Los personajes son comunes y corrientes, humanos, mexicanos, que pareciera que bien podríamos encontrarlos a la vuelta de la esquina y sus historias, aunque en ocasiones un tanto imaginativas, tienen cierta credibilidad que las hacen parecer más anécdotas que cuentos.

Haciendo uso de locaciones ubicadas en la Perla Tapatía y al otro lado de la frontera, los textos parecieran cobrar más vida aún. El guiño que se le hace a esos lugares y calles que cualquier tapatío ha pisado por lo menos alguna vez lo hace una experiencia grata. En cuanto a aquellos ambientados en los Estados Unidos de no ser por la inverosimilitud de algunos casos igualmente se creerían acontecimientos fidedignos de migrantes.

La forma de describir de Villaseñor hace de sus cuentos una vívida experiencia, dando reflejo en sus palabras de su capacidad de visualización de cineasta. A lo largo del libro podemos encontrarnos con escenas de alcoholismo, sexo y violencia, las cuales se vuelven incómodas y grotescas por la exactitud de los detalles que se nos mencionan, creando una imagen en la mente que puede llegar a causar escalofríos.

La brevedad y la manera directa de la narración hacen que los doce cuentos se puedan leer en un par de días y aún así sumergirse en las páginas que muestran la cruda realidad de lo que puede llegar a vivir un mexicano. (Michelle López)