Rafael Ortiz (2019). La indiferencia del mármol. México: CECA

Hace casi cien años, el crítico Edward Morgan Forster publicó una serie de conferencias bajo el título genérico de Aspectos de la novela. En ese libro, el teórico abordó las características de los elementos que componen una narración extensa: la historia, la gente, el argumento, la fantasía y la profecía. De estos cinco elementos, hay uno en particular, que distingue a la novela del cuento: la relativa a la gente, a los personajes. 

Los protagonistas de las novelas, como la palabra lo dice, atraviesan por una agonía, es decir, sufren por conseguir una victoria; son seres de papel bien delineados, tanto, que como lectores podemos empatizar con ellos en sus ideales, sus locuras, en sus aspiraciones por venir. La construcción de un protagonista es compleja, hay qué decir cómo es, qué dice, que opinan los demás de él. 

El cuento, en su brevedad ante la novela, privilegia la historia. Los personajes, si bien se enuncian, dejan de ser importantes, el cuento pide acción y desenlace. La historia es una sucesión de actos narrados unos de tras del otro, tras los cuales el lector se encuentra expectante, queriendo saber qué más pasará. En el cuento, es difícil que los personajes nos den pistas profundas para analizarlos, dado que son trabajados con pocos trazos.

En La indiferencia del mármol de Rafael Ortiz, estas reglas se rompen. Hay que decir que el libro se compone de 24 narraciones, entre cuentos y relatos breves. Los personajes de muchas de esas historias son tan simpáticos, ocurrentes, propositivos, que lamentamos despedirlos al girar la página. Como lectores, deseamos saber que pasará con los personajes que ya nos pertenecen, porque hemos adoptado su circunstancia sin reservas.

Revisemos tres ejemplos: El primero es el de un bebé quien, por razones prácticas, es dejado en la paquetería del súper para agilizar las compras, el cual no pudo ser recuperado porque la madre perdió la ficha. El niño crece en el supermercado 24 horas, bajo la vigilancia de todos los empleados, hasta crecer y obtener una oportunidad de trabajo en la jungla de la mercadotecnia.

El segundo texto nos presenta a Nemesia, una mujer regordeta que sufre de problemas estomacales, enfermedad crónica que hace retumbar paredes cuando ella tiene necesidad de expulsar los aires que ya no pueden contenerse en los intestinos. Nemesia finge ante toda circunstancia adversa, incluso cuando se derrumba la pared que mata a su jefe y pone tras de ella a peritos investigadores.

El tercer y último ejemplo tiene como personaje a un muñeco de ventrílocuo, el cual cobra vida y mete en problemas a su dueño en una cantina, al negarse a permanecer en su estuche y en cambio, desear la compañía de una mujer. Con ojillos vivarachos de acrílico, el muñeco, vestido de esmoquin, pone en aprietos al hombre, quien lo pierde de vista luego de ser emborrachado por su amiguito de madera.

Ante estas tres historias, el lector de los relatos ha empatizado con los personajes. La forma como Rafael Ortiz los ha presentado es tal, que los ojos tras las páginas quieren seguir las peripecias del bodoque que llegó al supermercado como “la criatura más cachetona que habían visto mis ojos…vestido con un conjunto monísimo de short y camiseta amarilla, ligerito por los calores de aquel abril” (9). ¿Cómo lucía al salir del supermercado?

Es un hecho que Rafael Ortiz tiene voz de novelista, tono de narrador de largo aliento, que es un narrador descriptivo, expositivo, encaminador de historias que nos suspende de pronto, cuando apenas nos hemos instalado al pie de página, en espera de una peripecia mayor. Este es su sello distintivo, la creación de personajes entrañables en historias brevísimas.

Los cuentos de situación en La indiferencia del mármol son menos que los de personaje. Hay que leer “Amarres” cuyo tema central es la búsqueda de un místico para lograr la atención amorosa de la pareja, tras largos de convivencia. El éxito es tal, que el amor encontrado empalaga, cansa, y provoca que el amarre sea insoportable, dada su diaria repetición.

Otro de los cuentos de intriga es “La tanga negra” breve ropa íntima que llega a manos de un esposo fiel, quien no sabe cómo reaccionar ante la prenda, temeroso de malas interpretaciones. El influjo de esa tela mínima, olorosa a flores y frutos lo subyuga y lo transforma, pero, sobre todo, le impide reaccionar con indiferencia ante los efluvios del dictado de su escozor en la entrepierna.

La indiferencia del mármol es un libro para leerse a pausas, porque cada historia trae su reflexión bajo el brazo.  Es una colección de cuentos donde la conducta humana traza una frontera de individualidad extrema. De allí que sus personajes sean lo más entrañable. Hay cuentos dignos de antología, como: “Detrás del cristal”, “Grandes amigos”, o “Posdata”. Lo más interesante es atestiguar el primer libro de un escritor que convence desde el principio.

Antes de cerrar este comentario hay que darle un lugar a la jocosidad desde la cual se han trabajado muchos de los temas, cualidad lúdica no muy frecuente en la literatura mexicana. La risa brota natural ante los desplantes de ciertos personajes, en congruencia con las anécdotas picarescas que viven. El humor en La indiferencia del mármol es otra más de sus cualidades literarias.

(Silvia Quezada)

Presentación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, 7 diciembre 2019, Salón Alfredo R. Placencia.