Moreno, Gilberto (2019). Reencarnaciones. México: La Zonámbula.

Deja la sensación de un sueño velado por una estela fugaz, blanca, fantasmagórica. Narra desde el personaje principal y traza ese sueño en el firmamento de la memoria. Compartir en destellos, nociones de saberse efímero, transitorio y sin embargo, porfiado en el espíritu de las letras.

El narrador en un principio pudo haber aglutinado varias hojas en blanco, no más de cien, suficientes para realizar el experimento. Enseguida, a la manera de los artesanos del vidrio, insuflar la esencia, transmutar del vacío puro a lo sustancial de un libro capitulado en Sedimentos, Intersticios, Crepúsculos, Reencarnaciones.

El resultado, reencarnaciones en sí, una y otra, continuas, textos breves en prosa clara que bien pueden leerse de manera individual o en su conjunto, como una historia integrada o cuentos individuales, queda a decisión del lector. Entonces, puede ser una ficción de amor, desamor, placer carnal incluso post mortem, consecuente de tantas y tantas petits morts, sugiere.

Figura la relación de cualquier pareja, sin rodeos. Él y ella llevan el hilo. Ni siquiera es necesario saber el nombre de los personajes. Basta que se trate de él y de ella; Victoria aparece por allí, pero Gilberto la nombra porque ese nombre y no otro debe ser a los ojos del yo en cuestión. El narrador va y viene, inspira, exhala, insufla, se vacía, llena al personaje en turno, saca lo mejor o peor del cuerpo habitado, como en el procedimiento descrito en ¿Cómo inventar un fantasma.

Es perceptible un ser humano ávido por satisfacer necesidades de la carne; habiéndose dicho esto, a más de uno pudiera incomodar el tratamiento. Pero no hay intemperancia transgresora, ni siquiera en el tratamiento de la Necrofilia. Es una escalada del enajenamiento carnal hacia el placer/amargor de enamorarse, y vivir, donde dos prefieren tragarse sus palabras en aras de no estropear el momento; hay gratitud por “toda la vida recibida” en mutuas insuflaciones. Entran en acción Fulano, Sutano, Mangano, Perenganito, pero también la pequeña María Esther, al igual que personajes emblemáticos de la historia universal.

Como buen alquimista, son claras las referencias junguianas. Se percibe el gusto por Borges, Cortázar, pero es Pessoa el referente mayor para contextualizar la comunión de cada sueño y reencarnaciones contenidos. En la cuarta de forros se anuncia a través de la semblanza lúdica de Gilberto Moreno, de qué va este libro publicado por la editorial La Zonámbula: “Lector indisciplinado de herejías, ingeniero químico de profesión, aprendiz de alquimista por imitación, escéptico e irreverente por convicción”.  Hay humor en: Twitter, Las sandías son mortales y Anuncio clasificado. 

Las pasiones humanas, reliquias mecanizadas, un pequeño barco, lo verosímil del unicornio e inverosímil de una jirafa; la voz del Gran Ventrílocuo -así, con mayúsculas-, y de su contraparte: un diablo cambalachero de esencias, enriquecen el mensaje. Un sueño al despertar no siempre permanece. Revela el autor “(…) éramos fantasmas de nuestros propios recuerdos”, y lo hace de manera directa o a través de otros, como Ella lo hace, por ejemplo, en el Metro María Magdalena. 

A partir de Táctica fallida, el autor deja de estar presente, sin hallarse en realidad, con la mente en otra parte, en tanto se entrega a la inercia de la carne, con un reto en la cabeza: desnudar pensamientos como se desnuda el cuerpo, porque es evidente, lo segundo es más fácil de completar. Se observa una secuencia de imágenes y empatías del autor, refiriéndose en plural a nosotros, los humanos, donde muestra una prosa poética similar a una especie de Aleph dinámico.

Hace hincapié en el influjo de Pessoa. En el capítulo Crepúsculos presenta un epígrafe del Libro del Desasosiego, sobre la colocación contundente de teoría y metáfora en una balanza. Relativo a los sueños y el ejercicio de reencarnar, Pessoa aseveró lo siguiente en ese libro: “(…) Me han robado el poder de ser antes de que el mundo fuese. Si tuve que reencarnar, he reencarnado sin mí, sin haber reencarnado yo. Soy los alrededores de una ciudad que no existe, el comentario prolijo a un libro que no se ha escrito. No soy nadie, nadie. No sé sentir, no sé pensar, no sé querer. Soy una figura de novela por escribir, que pasa aérea, y deshecha sin haber sido, entre los sueños de quien no supo completarme”.          

La referencia de los sueños es persistente.  No cesa.  Y persistente es también una máxima leída primero en Límites, que dice: “Los excesos curan los vacíos de la vida, pero ningún exceso puede curar una vida vacía”, y más tarde, en Sedimentos: “Los excesos, por cierto, también nos curan de los vacíos de la vida”. Insuflar el vacío con reencarnaciones es otra forma de curación.            

(Jesús Adín Valencia)

Publicado originalmente el 10 de octubre de 2019 en https://www.lalealtad.com/single-post/2019/10/10/Soflama-del-d%C3%ADa-Insuflar-el-vac%C3%ADo-Reencarnaciones-de-Gilberto-Moreno