Sánchez Huerta, Martín Adalberto (2015) Territorios. Ciudad Guzmán: Editorial Vázquez & Murguía

Hablar de lenguaje es imposible sin palabras, Martín Adalberto, en Territorios, dice que la palabra estaba dormida y para despertarla utilizó otra: amor. Cuando el amor abre la prisión de las palabras, el corazón y la mente se vacían y se llenan en un constante devenir: de amor a entrega, de pasión a olvido, de eclosión a muerte, hay miles de términos en nuestra lengua que nos proveen de imágenes, trazos y sonidos. Una vez despiertas las palabras se nos fugan y se anidan en una hoja de papel, en una mirada, en un beso y en otro corazón; el amor se siente pero también se verbaliza, amar sin palabras es grandioso pero sólo por un instante. El silencio es más letal que el veneno compartido entre los labios, se desenamoran los ojos, la piel, las manos, y en los cauces vacíos de palabra, naufragan las naves de la ilusión. Mujer de piedra, cuerpo de piedra, labio mudo, mano inactiva… qué triste paraje para un amante lleno de palabras, de gestos y de colores. Un graffiti grita al transeúnte su mensaje aunque tal vez nadie lo comprenda, dice algo. Hay palabras que sólo interpreta el iniciado, miradas que el amante traduce a su propio idioma. No es poesía, es poema aquello que supera la gramática y la normativa del verso culto, leo a Martín Adalberto y se me olvida la arquitectura del soneto y las endechas; ¿quién piensa en métrica cuando la emoción supera los cánones castrantes de los siglos que se fueron? La emoción se desboca y cabalga con la crin al viento agreste. Pintor al fin, le pone color a su escritura, trazos largos, medianos y brevísimos van pintando el panorama de sus muy privadas galerías sentimentales. Me pregunto si algún día nos hablará desde su propio libro. Confieso que a veces, encuentro unas líneas en el facebook y se fugan mis palabras, por los senderos de un discurso paralelo, siguiendo la música que las palabras leídas me provocan. Suena en consonancia la palabra que se fuga de mis dedos, marca la pantalla de caracteres que se agrandan, se colorean y modifican apretando una tecla. El lápiz pocas veces acompaña a la taza de café, otros artilugios (gadgets) acompañan al poeta, de lunes a domingo arrastra el sentimiento por los territorios donde se gana la vida, fabrica sus sueños y se forma en la cola, esperando el momento para exhalar su último suspiro. Suena trágico pero lean su semana.

(Teresa Gómez Cervantes)