Romo Pérez, Rosana (2017). Sendas en el tiempo. Guadalajara: Salto Mortal

TIEMPO

Sendas en el tiempo es un caminar, y Rosana en cada uno de sus poemas nos lleva a caminar en el tiempo. Más no en el tiempo complejo y filosófico, aquel del que san Agustín dijo que sabía qué era si nadie se preguntaba, pero si quería explicárselo a alguien, no sabía decir que es. No, ese tiempo no es el que uno recorre en esos poemas, sino un tiempo que es verdadero, y es verdadero porque es vivido, es un tiempo real, el tiempo de Rosana en el que soñó ser madre y que arropa este hijo de papel.

SENDAS

Rosana nos lleva a caminar en su tiempo vivido, esa eterna juventud arrebatada, pero en su tiempo nos hace caminar, no por el camino que es tierra hollada, por donde se transita habitualmente, sino a lo profundo, a lo secreto, a las sendas de su tiempo, aquellos caminos estrechos de lo más puro de su vida, y que lo ha plasmado en cada uno de estos poemas, es por ello que a este libro lo hacen ser un tesoro. Basta con leer un solo verso para darnos cuenta del sentimiento vivo que late en palabras, y que no ocupa posibles interpretaciones.

SENDAS EN EL TIEMPO

Rosana, a través de sus líneas tan finas nos cuenta que es escribir, de dónde surge la necesidad y que es para el autor cada uno de sus poemas. “Escribir un poema, es describir el cielo/ con sus nubarrones y sus estrellas./ Es ir más allá de los límites establecidos/ desmembrando sentimientos”. Es “plasmar los versos en agua viva”. Es llevar al papel “frases inexplicables que no tienen traducción”.

SOMBRAS Y PALABRAS

Pasando a su estructura interna, el libro cuenta con tres partes “Sombras y palabras”, “Varias estampas” y el último titulado “El amor”. En todo ello resalta un tema, la identidad femenina y la identidad que aquí nos habla Rosana es igual a la que María Izquierdo habló en su discurso “La mujer y el arte mexicano”.

VARIAS ESTAMPAS

Aquí Rosana nos habla de nuestro México, con el primer poema nos lleva a “Los sabores de mi tierra” haciendo un recorrido por la comida y lugares tan diversos de nuestro país, desde “Puebla y sus museos”, Hidalgo y sus pastes, Mazamitla y Tapalpa, y que mejor que “tomando un ponche de granada”, en el poema “Niños de la guerra”, dice “No me quiten la gracia de creer en un mundo/ donde habitan aquellos transformados de amor”.

Y EL AMOR

Es la última senda, y que de manera sublime clausura este poemario es “Y del amor”. Tema del que nuestro ilustre Agustín Yañez, nos habla del acto preparatorio del Al filo del agua y desde su título me remontó a este paisaje “Entre mujeres enlutadas paso la vida”.

Y por todo ello, que el amor es como la muerte, cuántos encuentros, y más, cuántos desencuentros. Por todo esto, ha sido maravilloso caminar por estas Sendas en el tiempo. Al leerlos sentía que Rosana me conociera y hubiera escrito sobre mí, o incluso como si yo mismo hablara. Yo también he caminado por las sendas de Rosana y también me ha ayudado a encontrar mis propias sendas.

(Víctor Manuel Aguilera Sánchez)