Raygoza, Pita (2019). Todas las guerras del mundo. Guadalajara: Amateditorial

La novela cristera es considerada un documento literario debido a que aborda el conflicto religioso ocurrido en México en los años veinte del siglo pasado. La guerra cristera fue resultado de la propuesta anticlerical impuesta por el entonces presidente Plutarco Elías Calles, jefe máximo de la Revolución, y se dio entre 1926 y 1929. El mandatario propuso limitar el culto católico en México, restando a la vez personalidad jurídica a las iglesias y negando la participación política al clero, así como su posibilidad de contar con bienes raíces.
Las obras literarias de esta temática comenzaron a publicarse en 1930 (Héctor, del sacerdote David G. Ramírez), sin que ello signifique que tuvieron un período cerrado de aparición ni una geografía definida. El tema de la persecución religiosa aparece de modo directo e indirecto en la narrativa mexicana; cito Los cristeros, la guerra santa en los Altos de Jalisco, de José Guadalupe de Anda, o Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro, para evidenciar este aserto.
La escritora mexicana Pita Raygoza dio a conocer en 2018 la novela Todas las guerras del mundo desde la premisa de que todo conflicto armado tiene como víctimas principales a los niños. La protagonista central es la niña Pilar, de tan sólo diez años, quien reside con sus padres en un pueblo de Jalisco, Cuquío, rodeada de las acechanzas de bandos contrariados, experimentando toda clase de atropellos por parte de militares y civiles.
La niña toma clases de fotografía con una maestra particular y posee una cámara Kodak adquirida en Nueva York, regalo de su padre, quien sueña verla convertida en la primera fotógrafa mexicana reconocida a nivel internacional. A lo largo de la novela Pilar asegurará la cámara como una prolongación del recuerdo paterno: el lector imagina que uno de los finales podría ser que el sueño del padre se convirtiera en realidad, pero la novela es una interpretación verídica de los hechos, por lo que existe un desenlace distinto.
En la novela, el futuro de Pilar, fincado en el trabajo de sus padres, pronto se fragmenta. La niña deja de tomar leche fresca, carne, golosinas; los vestidos de cumpleaños y las tartas de fiesta desaparecen, ya no hay mimos sino advertencias. La vida se convierte en una madeja enredada que Pilar no comprende. Los juegos se acaban, ahora llegan las responsabilidades, el silencio, la huida hacia lugares desconocidos.
La autora de la novela, Pita Raygoza, usa variadas estrategias literarias, como la narración en primera persona, la voz en off de un personaje omnisciente, el diálogo como estrategia capitular para colocar al lector en calidad de testigo. Las descripciones de las atrocidades en contra de los curas se verbalizan en cruentas escenas, como la del fusilamiento del alcalde, cuyo cuerpo es sacudido por el impacto de las balas hasta su caída: “No conformes con fusilarlo pintaron de rojo su cuerpo y luego lo colgaron del campanario, y ya ahí, todavía jugaron al tiro al blanco con él.” (66)
El alzamiento cristero dejó 250.000 muertos, de entre los cuales, los protagonistas de la novela sólo representan a una familia mexicana de buena fe, víctima de las circunstancias que generó el conflicto, ajena a macrointereses económicos. La guerra cristera, desatada en el ámbito rural, fue orquestada en realidad desde la ciudad, ámbito de poder que utilizó la fe en Cristo Rey para alistar la defensa de una religión y una iglesia que perdían con la ley Calles los privilegios a los que estaban acostumbrados desde la colonia.
(Silvia Quezada)