Tonalna (2012).

Macías Macías, Manuel .

México: Archivo Histórico Municipal de Zapotlán el Grande.

Un pobre ante el hallazgo de un tesoro; una mujer transgresora que es víctima de sus circunstancias más íntimas e inconfesables; la trágica historia de la muchacha entregada al burdel por su propia madre y las vejaciones sufridas; el amor no realizado por el simple hecho de no haber leído una nota guardada en un misal; los sueños compartidos como una premonición de un futuro incómodo; la pérdida de un capital y la renuncia a la vida duramente construida a partir de la vista no de una mujer, sino de la imagen de una mujer; una monja en la que conviven la blasfemia, el humor y la reivindicación religiosa, una fábula moral en la que su principal mérito quizás sea su ambigüedad; el poder autoritario representado en una violación o en la inminencia de la muerte de un inocente; la truncada realización de una mujer en manos de su padre y su mejor amiga; el relato de la fundación de Tonalna. Estas historias son algunos de los puntos de partida para la puesta en práctica de una manera personal de entender la literatura. Marcos Manuel Macías construye en torno a ellas vericuetos y estrategias narrativas para atrapar al lector.

En este su primer libro de cuentos, publicado por el Archivo Histórico Municipal de Zapotlán el Grande, Macías Macías evidencia una clara vocación de constructor de tramas que tan pronto optan por el melodrama como por la comedia o la tragedia. También asistimos a un esfuerzo por escribir una prosa limpia, a una positiva inclinación por el desarrollo de las historias, a una idea clara de lo que significa hacer un libro como una unidad y a su concentración en los temas cotidianos, que en el fondo albergan los problemas fundamentales de la humanidad. Tonalna es un libro de aprendizaje, y por lo tanto el punto de partida en la construcción de un oficio literario.

Hay en Tonalna una condición totalizadora de la ficción, los diez cuentos que constituyen el volumen son textos autónomos, historias que se abren y se cierran y que se pueden leer de manera independiente; pero al mismo tiempo cada cuento forma parte del universo de Tonalna, los personajes que en un cuento son secundarios en otro aparecen como protagonistas, los detalles que desconocemos de ellos se revelarán más tarde para otorgar complejidad y humanidad a los mismos. A medida que avanza el libro, los personajes accesorios pasan a ser protagonistas de los cuentos posteriores, de tal manera que se llega a ver ya con familiaridad a los Cárabes, a Jesús Arias, a Justino, sólo por mencionar algunos. El autor establece este diálogo cómplice, que siempre se ha de agradecer. Lo anterior permite que, aunque no se trate de una novela, el libro pueda leerse con la actitud con que se aprecia una novela.

Nos encontramos ante una visión multifocalizada de una sociedad tradicional, conservadora. Cada cuento nos muestra el punto de vista de un personaje o de una circunstancia específica del universo de Tonalna. Por lo menos diez motivaciones, diez historias, diez tramas distintas nos proporcionan datos diferentes de lo que sucede en lo más intrincado de las aspiraciones, los secretos, las debilidades y las pasiones de los habitantes de esta pequeña población que podría estar ubicada en cualquier sitio de nuestra agreste geografía.

Los cuentos aquí presentados son de diferente condición técnica, encontramos desde historias contadas de manera tradicional hasta experimentos narrativos asociados con las técnicas modernas. Los primeros textos del libro son tratados con las formas típicas del relato costumbrista, de la tradición indigenista: la estructura, la técnica narrativa y la expresión verbal de los personajes lo atestiguan. A medida que avanzan los textos se nos van haciendo presentes formas diferentes como el cuento fantástico, la tradición derivada de Anton Chéjov, y hasta los experimentos fundacionales que practicaron muchos de los exponentes del boom latinoamericano, como la narración en segunda persona, el monólogo y el cambio de perspectiva narrativa en un mismo cuento.

Cuando se lee Tonalna como una geografía imaginaria, se puede pensar en la literatura de William Faulkner y su Yoknapatawpha, esa geografía que daría lugar a los espacios más emblemáticos de nuestra literatura: la Comala de Juan Rulfo, el Macondo de Gabriel García Márquez, el Santa María de Juan Carlos Onetti, entre otros. Tonalna abraza esta tradición, se identifica con esta genealogía, su autor sabe que nos debemos a nuestros antepasados literarios, y que dentro de nuestras posibilidades les rendimos estos pequeños homenajes.

(Ricardo Sigala)

(Publicado en Letra Sur. Ejercicios de periodismo cultural de Ricardo Sigala, Porrúa Print en 2014)